PALABRAS PARA EL CAMINO

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11 de julio de 2017

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SAN BENITO, ABAD

Nació en Italia (Nursia). Estudió en Roma y se retiró a una cueva de Subiaco, “anteponiendo el amor de Dios a cualquier otra cosa”. Se le unieron unos discípulos, pero, al cabo de un tiempo, Benito tuvo que mudarse a Monte Casino. Ahí escribió su “Regla” y ahí murió en 547. La Orden benedictina, continuadora de su carisma, ha sido decisiva en la población y civilización de Europa, y en la renovación litúrgica contemporánea. 

Génesis 32,22-32

Te llamarás Israel, porque has luchado con dioses y has podido
En aquellos días, todavía de noche se levantó Jacob, tomó a las dos mujeres, las dos siervas y los once hijos y cruzó el vado de Yaboc; pasó con ellos el torrente e hizo pasar sus posesiones. Y él quedó solo. Un hombre luchó con él hasta la aurora; y, viendo que no le podía, le tocó la articulación del muslo y se la dejó tiesa, mientras peleaba con él. Dijo: “Suéltame, que llega la aurora.” Respondió: “No te soltaré hasta que me bendigas.” Y le preguntó: “¿Cómo te llamas?” Contestó: “Jacob.” Le replicó: “Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con dioses y con hombres y has podido.” Jacob, a su vez, preguntó: “Dime tu nombre.” Respondió: “¿Por qué me preguntas mi nombre?” Y le bendijo.

Jacob llamó a aquel lugar Penuel, diciendo: “He visto a Dios cara a cara y he quedado vivo.” Mientras atravesaba Penuel salía el sol, y él iba cojeando. Por eso los israelitas, hasta hoy, no comen el tendón de la articulación del muslo, porque Jacob fue herido en dicho tendón del muslo. Palabra de Dios. 

Mateo 9,32-38

La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos
En aquel tiempo, presentaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó al demonio, y el mudo habló. La gente decía admirada: “Nunca se ha visto en Israel cosa igual.” En cambio, los fariseos decían: “Éste echa los demonios con el poder del jefe de los demonios.” Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.” Palabra del Señor. 

Parroquia de Guadalupe. Misa de 19,00

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