PALABRAS PARA EL CAMINO

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10 de enero de 2018

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80 años de que nuestro querido P. Félix de Jesús está en CASA intercediendo por nosotros ante Dios y gozando de su compañía.

 

 

1 Samuel 3, 1-20

Habla, Señor, que tu siervo te escucha

En aquellos días, el pequeño Samuel servía en templo del Señor bajo la vigilancia de Elí. Por aquellos días las palabras del Señor eran raras y no eran frecuentes las visiones. Un día estaba Elí acostado en su habitación; se le iba apagando la vista y casi no podía ver. Aún ardía la lámpara de Dios, y Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel y él respondió: “Aquí estoy. Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: “Aquí estoy; vengo porque me has llamado”. Respondió Elí: “No te he llamado; vuelve a acostarte. Samuel volvió a acostarse. Volvió a llamar el Señor a Samuel. El se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo: “Aquí estoy, vengo porque me has llamado”. Respondió Elí: “No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte”.

Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor.

Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: “Aquí estoy; vengo porque me has llamado”.

Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho y dijo a Samuel: “Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: Habla Señor, que tu siervo te escucha”. Samuel fue y se acostó en su sitio.

El Señor se presentó y le llamó como antes: “¡Samuel, Samuel!” El respondió: “Habla, Señor, que tu sirvo te escucha”.

Samuel crecía, Dios estaba con él, y ninguna de sus palabras dejó de cumplirse; y todo Israel, desde Dan hasta Berseba, supo que Samuel era profeta acreditado ante el Señor. Palabra de Dios. 

Marcos 1, 29-39

Curó a muchos enfermos de diversos males

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.

Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.

Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: “Todo el mundo te busca”. El les respondió: “Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido”. Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios. Palabra del Señor. 

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