Archivo de la categoría: Rumiando la Palabra

Este nuevo apartado dentro de la página “RUMIANDO LA PALABRA” quiere ser un espacio abierto de oración que todos podamos aprovechar para ir creando en nuestra vida, llena de ruidos y de prisas, pequeños pero sustanciosos momentos de relación y encuentro con Dios.

Se trata de utilizar el MANTRA (repetición de unas pocas palabras), la MÚSICA, la IMAGEN… y cualquier cosa que nos pueda servir, para crear ese ambiente donde nuestra mente y nuestro corazón experimenten al Dios vivo que nos habita y nos acompaña siempre aunque nosotros no seamos capaces de sentirlo.

Únete a nuestra ORACIÓN y ve siendo tú también con nosotros cada día un poco más CONTEMPLATIVO en medio de este mundo de prisas y ruidos.

4 de septiembre de 2016

XXIII DOMINGO ORDINARIO

Sabiduría 9, 13-18

¿Quién es el hombre que puede conocer los designios de Dios?

¿Quién comprende lo que Dios quiere?¿Qué hombre conoce el designio de Dios? ¿Quién comprende lo que Dios quiere?

Los pensamientos de los mortales son mezquinos, y nuestros razonamientos son falibles; porque el cuerpo mortal es lastre del alma, y la tienda terrestre abruma la mente que medita.

Apenas conocemos las cosas terrenas y con trabajo encontramos lo que está a mano: pues, ¿quién rastreará las cosas del cielo?

¿Quién conocerá tu designio, si tú no le das sabiduría, enviando tu santo espíritu desde el cielo? Sólo así fueron rectos los caminos de los terrestres, los hombres aprendieron lo que te agrada, y la sabiduría los salvó. Palabra de Dios. 

Filemón 9b-10. 12-17

Recíbelo, no como esclavo, sino como hermano querido
Querido hermano:

Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión; te lo envío como algo de mis entrañas.

Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en tu lugar, en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo; así me harás este favor, no a la fuerza, sino con libertad.

Quizá se apartó de ti para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano querido. Si yo lo quiero tanto, cuánto más lo has de querer tú, como hombre y como cristiano. Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo. Palabra de Dios. 

Lucas 14, 25-33

El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: “Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.

Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?

No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.”

¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.

Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.” Palabra del Señor. 

Capilla de San Isidro Labrador. Misa de 8,30 horas.

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2016-09-04-XXIII Domingo del Tiempo Ordinario